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Tucumán se encuentra en el lote de las cuatro únicas provincias en el país que no tuvieron hasta el momento conflictividad laboral estatal, un logro de paz social sumamente atípico si se lo contrasta con el adverso panorama de paros y huelgas que sacude a casi todo el territorio argentino. A nivel federal, la estrepitosa caída de los ingresos públicos —con una retracción real del 12% en la Coparticipación Federal de Impuestos (CFI) y del 10,6% en los Recursos de Origen Nacional (RON)— desató una ola de al menos 101 conflictos de empleados públicos en lo que va de 2026.
Ante este agudo estrangulamiento fiscal, la estrategia de la administración de Javier Milei consistió en desplegar un esquema de auxilio basado en el adelanto financiero de fondos coparticipables mediante decretos de necesidad y urgencia. Si bien este mecanismo de compensación fiscal le permitió a la gestión del gobernador Osvaldo Jaldo asegurar el normal inicio de clases y sostener la administración pública sin paros, la obligación de devolver estos recursos con intereses en el transcurso del mismo ejercicio fiscal siembra serios interrogantes sobre si el sistema constituye un alivio definitivo o si consolida un círculo vicioso de dependencia y debilidad económica para las provincias.

El mantenimiento de la paz social en Tucumán es un activo político clave para la Casa de Gobierno, pero exige una gran exigencia presupuestaria. De acuerdo con el reporte elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), al cual tuco acceso Tendencia de Noticias, el gasto provincial tucumano se caracteriza por una marcada rigidez estructural: “Tucumán: 73,6% del total. El gasto se concentra en Educación (32,5%), Salud (17,1%), Seguridad/Justicia (12,8%) y Seguridad Social (11,2%). Destina 7,8% a Obra Pública”. Al concentrar casi las tres cuartas partes de su erogación total en salarios de docentes, médicos, policías y previsión social, cualquier alteración en el flujo de ingresos coparticipables pone en riesgo inmediato la gobernabilidad diaria.
Para evitar que la merma de recursos se tradujera en protestas callejeras, la provincia debió sostener paritarias continuas. El informe de CEPA detalla que en Tucumán "hay acuerdo en educación y empleo público, ambos con cláusula de actualización periódica y clases/actividad con normalidad”. El reporte agrega que, en el segmento del empleo público, “el acuerdo incluye a policía y servicio penitenciario, y el gobierno sumó un pago adicional complementario ante el bajo impacto del ajuste automático”. Esta política de contención salarial permitió que la provincia esquivara el descontento que hoy paraliza a otras administraciones subnacionales.
Jaldo se encargó de contextualizar de manera pública el origen y las condiciones de los fondos con los que sostiene el equilibrio fiscal. El mandatario tucumano precisó que la provincia recibe diariamente lo que le corresponde por IVA y Ganancias, recursos que permitieron afrontar la planilla salarial con los incrementos paritarios. No obstante, el Gobernador no ocultó la profunda asfixia que atraviesan las familias del sector público debido al escenario recesivo nacional: “Estamos haciendo un esfuerzo muy grande, porque realmente el consumo no se reactiva y eso lo vive la gente en sus hogares. Hoy tenemos como 120.000 empleados públicos y los empleados públicos hoy, si bien tienen un sueldo, una obra social, una ART, tienen un endeudamiento muy importante en el Banco Macro con créditos personales, tarjetas de crédito, otros con la Caja Popular, porque la plata no alcanza y no llegan a fin de mes”.

Respecto a la inclusión de Tucumán en el esquema de asistencia de la Casa Rosada, Jaldo, ya en abril pasado había sido claro al señalar que los adelantos no representan recursos nacionales adicionales ni subsidios reintegrables: “Tucumán está dentro del decreto que ha firmado el presidente para asistir con adelanto de coparticipación. Es decir que, con la misma plata de las provincias, nos van a hacer un adelanto para que la dispongamos antes del mes que nos corresponde e ir afrontando las contingencias que hoy tenemos para luego devolverlo dentro del mismo año. Nos adelantan plata, pero nos descuentan dentro del mismo año, pero son recursos exclusivos de la provincia de Tucumán”.
En esa línea, Jaldo insistió en que “de ese aporte que hace la Nación para 12 provincias de la República Argentina, la Nación no pone un peso. Son recursos provinciales, recursos coparticipables, son adelanto de coparticipación que hay que devolverlo dentro del mismo año”. El gobernador ponderó la herramienta como un “buen gesto de la Nación... porque es un desahogo transitorio financiero”, el cual permitió no paralizar la obra pública con fondos propios, garantizar insumos en hospitales, equipar a la policía y sostener las escuelas, responsabilidades que, remarcó, recaen exclusivamente sobre las espaldas de los gobernadores.
La crisis de la recaudación subnacional y el mapa de la conflictividad
La necesidad extrema de recurrir a estos anticipos se explica por el desplome de los ingresos tradicionales de las provincias. El informe de CEPA precisa que las transferencias tributarias de origen nacional representan, en promedio, el 58,2% de los recursos de las provincias en concepto de Coparticipación Federal de Impuestos, porcentaje que escala al 71,6% si se incorpora el resto de los Recursos de Origen Nacional (RON). La caída de ambas variables es drástica: “Los RON se ubican en un 10,6% por debajo de los niveles de noviembre 2023... y la CFI un 12% por debajo del mismo período”. Para colmo, las provincias tampoco pudieron compensar la pérdida con sus propias arcas, ya que los Recursos de Origen Provincial (ROP) sufrieron una caída sostenida del 19,6% en términos reales desde el inicio de la gestión de Milei.

Esta drástica reducción de fondos tensó al límite las paritarias en casi todo el país. Según el documento de CEPA, “desde inicios del 2026 hasta el mes de agosto se registraron, al menos, 101 conflictos laborales de trabajadores estatales en todo el país. El 45,5% siguen activos y no logran solucionarse con las ofertas de paritarias de los gobiernos provinciales”. El 54,5% restante de los distritos que alcanzaron un acuerdo paritario solo han obtenido “una solución momentánea hasta la próxima negociación” bajo un contexto de pérdida constante del poder adquisitivo.
El contraste con Tucumán es evidente al revisar la situación de otras provincias:
Chaco: Mantiene un conflicto activo y sin acuerdo en los cuatro sectores relevados (educación, empleo público, policía y salud) tras la suspensión de la cláusula gatillo.
Corrientes: Atraviesa una parálisis total sin acuerdos en educación, empleo público, judiciales, policía ni salud.
Entre Ríos: Sostiene huelgas de 48 horas y medidas de fuerza activas en la totalidad de sus áreas de servicio estatal.
Tierra del Fuego: La paritaria fue rechazada unánimemente y el sector educativo sostiene un paro por tiempo indeterminado que ha impedido el normal inicio de las clases.
Para mitigar esta crisis, el Gobierno de Milei recurrió de forma sistemática a los anticipos financieros sobre fondos coparticipables, un mecanismo normado por el artículo 124 de la Ley N° 11.672. A través del Decreto 219/2026, la Nación autorizó adelantos de hasta $400.000 millones para un lote de 12 provincias, entre las que se incluyó a Tucumán, ampliándose posteriormente el beneficio a Entre Ríos, Jujuy y Santa Fe.

Sin embargo, el análisis técnico de CEPA advierte sobre los peligros inherentes a este esquema de financiamiento defensivo. “No se trata de recursos nuevos: son adelantos que deben reintegrarse dentro del mismo ejercicio fiscal, con una tasa fija del 15% anual”. La gravedad del instrumento radica en que su límite operativo quedó expuesto rápidamente: “hacia mediados de año, varias de las provincias asistidas en abril debieron pedir refinanciación al no poder cancelarlos”.
La conclusión del informe de coyuntura arroja una mirada sumamente crítica sobre el futuro de las provincias bajo esta dinámica. Al contraerse el consumo, cae la coparticipación y la recaudación propia, lo que tensiona las paritarias y genera recortes en salud, educación, justicia y seguridad. Para contener la crisis, el Estado nacional interviene adelantando fondos coparticipables propios de las provincias, lo que implica necesariamente restarles ingresos futuros y profundizar la recesión de la actividad económica. De este modo, advierte CEPA de cara a las próximas paritarias, “la necesidad de recursos debilita, aún más, el poder de negociación de las provincias: de ahora en más, el gobierno nacional sólo ofrecerá mantener el esquema de adelantos”.